Libros: “Psicopolítica”. Byung-Chul Han.

Publicado: 24/04/2016 en libros
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Libro: “Psicopolítica
Byung-Chul Han
Ed. Herderpsicopolitica-portada

De la contraportada: “El filósofo Byung-Chul dirige […] su mirada crítica hacia las nuevas técnicas de poder del capitalismo neoliberal,  que dan acceso a la esfera de la psique, convirtiéndola en su mayor fuerza de producción. La psicopolítica es, según Han, aquel sistema de dominación que, en lugar de emplear el poder opresor [disciplinario], utiliza un poder seductor, inteligente, que consigue que [las personas] se sometan por sí mismas al entramado de
dominación.

En este sistema, el sujeto sometido no es consciente de su sometimiento. La eficacia del psicopoder radica en que el individuo se cree libre, cuando en realidad es el sistema el que está explotando su libertad. La psicopolítica se sirve del Big Data, que, como un Big Brother digital, se apodera de los datos que los individuos le entregan de forma efusiva y voluntaria. Esta herramienta permite hacer pronósticos sobre el comportamiento de las personas y  condicionarlas a un nivel prerreflexivo. La expresión libre y la hipercomunicación que se difunde por la red se convierten en control y vigilancia totales,  conduciendo a una autentica crisis de la libertad. […] el futuro se
convierte en predecible y controlable.

Según Byung-Chul Han, este poder inteligente podría detectar incluso patrones de comportamiento del inconsciente colectivo que otorgarían a la psicopolítica un control ilimitado. Nuestro futuro dependerá de que seamos capaces de servirnos de lo inservible, de la singularidad no cuantificable y de la idiotez -dice incluso- de quien no participa ni
comparte.

Anotaciones del libro:

“La crisis de la libertad.”

[…] La libertad es, fundamentalmente, una palabra relacional. […] ‘Solamente dentro de la comunidad con otros todo individuo tiene los medios necesarios para desarrollar sus dotes en todos los sentidos; solamente dentro de la comunidad es posible, por tanto, la libertad personal.’ (K. Marx, ‘La ideología alemana’)

Hoy creemos que no somos un sujeto sometido, sino un ‘proyecto’ libre que constantemente se replantea y se reinventa. […] El yo como proyecto, que cree haberse liberado de las coacciones externas y de las coerciones ajenas, se somete a coacciones internas y a coerciones propias en forma de una coacción al rendimiento y la optimización.

El neoliberalismo, como una forma de mutación del capitalismo, convierte al trabajador en ‘empresario’. El neoliberalismo, y no la revolución comunista, elimina la clase trabajadora sometida a la explotación ajena. Hoy cada uno es un trabajador que se explota a sí mismo en su propia empresa. […] también la lucha de clases se transforma en una lucha interna consigo mismo.

Quien fracasa en la sociedad neoliberal del rendimiento se hace a sí mismo responsable y se avergüenza, en lugar de poner en duda a la sociedad o el sistema. […] Esta autoagresividad no convierte al explotado en revolucionario, sino en depresivo.

Dictadura de la transparencia. […] La libertad y la comunicación ilimitadas se convierten en control y vigilancia totales […] los medios digitales se equiparan cada vez más a los panópticos digitales que vigilan y explotan lo social de forma despiadada.

“Poder inteligente (smart power)”

El poder que depende de la violencia no representa el poder supremo. […] El poder está precisamente allí donde no es tematizado. Cuanto mayor es el poder más silenciosamente actúa.

Hoy el poder adquiere cada vez más una ‘forma permisiva’. En su permisividad, incluso en su amabilidad, depone su negatividad y se ofrece como libertad.

El poder inteligente, amable, no opera de frente contra la voluntad de los sujetos sometidos, sino que dirige su voluntad a su favor. […] Se esfuerza en generar emociones positivas y en explotarlas. Seduce […]

Este poder amable […] escapa a toda visibilidad. […] Se elimina la decisión libreen favor de la libre elección entre distintas ofertas” (de lo posible)

El poder inteligente lee y evalúa nuestros pensamientos conscientes e inconscientes. Apuesta por la organización y optimización propias realizadas de forma voluntaria. Así no ha de superar ninguna resistencia. Esta dominación no requiere de gran esfuerzo (disciplinador), de violencia, ya que simplemente ‘sucede’.”

“Biopolítica”, “El dilema de Foucault”, “las tecnologías del yo”.

La biopolítica es la forma de gobierno de la sociedad disciplinaria.

Foucault vincula expresamente la biopolítica con la forma disciplinaria del capitalismo, que en su forma de producción socializa el cuerpo. […] El neoliberalismo […] como una forma de mutación del capitalismo, […] por el contrario, descubre la psique como forma productiva. El capitalismo actual […] está determinado por formas de
producción inmateriales e incorpóreas […] informaciones y programas (informáticos). Para incrementar la productividad, no se superan resistencias corporales, sino que se optimizan procesos psíquicos y mentales.

Foucault describe las tecnologías del yo al principio de los años 80 como “las prácticas sensatas y voluntarias por las que los hombres no sólo se fijan reglas de conducta, sino que buscan transformarse a sí mismos, modificarse en su ser singular y hacer de su vida una obra que presenta ciertos valores estéticos y responde a ciertos criterios de
estilo” (M. Foucault, “Historia de la sexualidad”)

El imperativo neoliberal de la optimización personal (managment personal, inteligencia emocional, coaching empresarial y liderazgo) sirve únicamente para el funcionamiento del sistema.

El sujeto de hoy es un empresario de sí mismo que se explota a sí mismo. El sujeto explotador de sí mismo […] es al mismo tiempo víctima y verdugo. En cuanto sujeto que se ilumina y vigila a sí mismo, está aislado en un panóptico en el que es simultáneamente recluso y guardián. El sujeto en red, digitalizado, es un panóptico de sí mismo. Así pues, se delega en cada uno la vigilancia. […] Ahora también nos vigilan las cosas que usamos diariamente.

La época de la creación de valor real ha pasado […] el régimen neoliberal introduce la época del agotamiento. Ahora se explota la psique.

Una vida que consistiera únicamente en emociones positivas o vivencias óptimas no sería humana.

“Shock”

Naomi Klein [por su teoría del shock] es incapaz de ver la verdadera psicopolítica neoliberal. La terapia de shock es una técnica genuinamente disciplinaria […] La técnica de poder neoliberal no ejerce ninguna coacción disciplinaria.

La psicopolítica neoliberal está dominada por la ‘positividad’ […] el botón de ‘me gusta’ es su signo, el  neoliberalismo es el ‘capitalismo del me gusta’

“El Big Brother amable”

La neolengua tiene como único fin estrechar el espacio de pensamiento. Cada año el número de palabras disminuye y el espacio de la conciencia se reduce. No la eliminación, sino el incremento de palabras sería lo característico de la sociedad de la información actual.

La nueva concepción de poder no consiste en el control del pasado, sino en el control psicopolítico del futuro.

La técnica del poder del régimen neoliberal no es prohibitoria, protectora o represiva, sino prospectiva, permisiva y proyectiva.

En lugar de confesiones extraídas con tortura tiene lugar un desnudamiento voluntario. El smartphone sustituye a la cámara de tortura. El Big Brother tiene un aspecto amable. La eficiencia de su vigilancia reside en su ‘amabilidad’.

Frente al mensaje de Apple, el año 1984 no marca el fin del Estado vigilante de Orwell, sino el comienzo de una nueva sociedad de control que lo supera con creces en eficiencia. Comunicación y control coinciden totalmente. Cada uno es el panóptico de sí mismo.

“El capitalismo de la emoción”. (Racionalidad vs. emocionalidad).

Las investigaciones científicas sobre las emociones no reflexionan sobre su propia actividad. A estas se les oculta que la coyuntura de la emoción está relacionada principalmente con el proceso económico.

Tanto el afecto como la emoción representan algo meramente subjetivo, mientras que el sentimiento indica algo objetivo. El sentimiento permite una narración. Ni el afecto ni la emoción son narrables.

El medio digital es un medio del ‘afecto’.

La emoción es dinámica, situacional y performativa. El capitalismo de la emoción explota precisamente estas cualidades […] En el capitalismo de consumo se venden significados y emociones. No el valor de uso, sino el valor emotivo o de culto […] hoy no consumimos cosas, sino emociones […] la emoción se convierte en el medio de
producción […] Las emociones se despliegan más allá del valor de uso. Así se abre un nuevo campo de consumo con carácter infinito.

El régimen neoliberal presupone las emociones como recursos para incrementar la productividad y el rendimiento […] la racionalidad se percibe como coacción […] en su lugar entra en escena la emocionalidad, que corre paralela al sentimiento de libertad, la libre despliegue de la personalidad.

La psicopolítica neoliberal se apodera de la emoción para influir en las acciones a este nivel prerreflexivo. Por medio de la emoción llega hasta lo profundo del individuo. Así, la emoción representa un medio muy eficiente para el control psicopolítico del individuo.

“El inconsciente digital”.

El Big Data quizá hace legibles aquellos deseos de los que no somos conscientes de forma expresa.

Si el Big Data proporcionara un acceso al reino inconsciente de nuestras acciones e inclinaciones, sería pensable una psicopolítica que interviniera hasta en lo profundo de nuestra psique y la explotara.

El data mining, como una lupa digital, aumentaría las acciones humanas. La microfísica del Big Data haría visibles ‘actomes’, microacciones que escaparan a la conciencia.

El Big Data podría poner de manifiesto patrones de comportamiento colectivos de los que el individuo no es consciente. De este modo se podría acceder al inconsciente colectivo. La psicopolítica digital sería entonces capaz de apoderarse del comportamiento de las masas a un nivel que escapa a la conciencia.

El Big Data da lugar a una sociedad de clases digital.

El ‘Bannoptikum’, frente al panóptico, es un dispositivo que identifica a las personas alejadas u hostiles al sistema como no deseadas. El panóptico clásico sirve para disciplinar. El Bannoptikum se ocupa de la seguridad y eficiencia del sistema.

El conocimiento solamente es posible al nivel del concepto: ‘El concepto es lo que habita las cosas, lo que hace que las cosas sean lo que son, y concebir un objeto, por tanto, significa devenir consciente de su concepto.

El Big Data carece de concepto y de espíritu. El conocimiento absoluto que pretende coincide con el  desconocimiento absoluto. […] La época del Big Data es una época ‘sin razón’.

La actual euforia con el Big Data se asemeja a la euforia que se produjo en el S. XVIII con el método estadístico.

El Big Data es totalmente ciego ante el ‘acontecimiento’. No lo estadísticamente probable, sino lo improbable, lo singular, el acontecimiento determinará la historia, el futuro humano. Así pues, el Big Data es ciego ante el futuro.

Todo acontecimiento que destruye lo válido hasta el momento, el orden existente, es tan imprevisible y repentino como un ‘acontecimiento natural’. Los acontecimientos representan rupturas y discontinuidades que abren nuevos espacios.

Ser sujeto significa estar sometido.

“Idiotismo”.

La total conexión en red y la comunicación digitales aumentan la coacción a la conformidad considerablemente.

El idiota es un hereje moderno. Tiene el valor de desviarse de la ortodoxia […] de la coacción a la conformidad. El idiota como hereje es una figura de la resistencia contra la violencia del consenso.

El idiotismo construye espacios libres de silencio, quietud y soledad en los que es posible decir algo que realmente merezca ser dicho.

Deleuze anuncia su ‘Política del silencio’: La dificultad hoy día no estriba en expresar libremente nuestra opinión, sino en generar espacios libres de soledad y silencio en los que encontremos algo que decir. Fuerzas represivas ya no nos impiden expresar nuestra opinión. Qué liberación es por una vez no tener que decir nada y poder callar,
pues solo entonces tenemos la posibilidad de crear algo singular: algo que realmente vale la pena ser dicho’.

 

 

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comentarios
  1. txema dice:

    Relacionada: http://www.tlaxcala-int.org/article.asp?reference=17838
    De la subsunción real a la subsunción vital
    Reseña de Neurocapitalismo, de Giorgio Griziotti

    En los últimos treinta años, la categoría marxiana de “subsunción real” ha sido a menudo utilizada como papel de tornasol para leer de manera materialista muchos de los cambios de época ante los cuales nos puso el inicio de la revolución tecnológica y la globalización. En su riquísimo “Neurocapitalismo”, Giorgio Griziotti demuestra con gran eficacia la concretización y la superación de esa misma categoría a través de la transición de la sub- sunción real a la “subsunción vital”. Una era en la que la valorización capitalista ha conseguido extraer valor no solo de las formas del trabajo y de la cooperación social, sino de la vida misma, con su inteligencia, sus potencialidades relacionales, su variedad de deseos y expectativas e incluso su esencia desnuda.

    El neurocapitalismo es la fase bio-cognitiva de la valorización: la conexión de mente, cuerpo, dispositivos y redes aparece como inextricable y define la omnipermeabilidad de la mediación tecnológica. El sujeto, sus deseos, sus potencialidades, son “puestos en valor” de manera integral dentro de la dimensión de hiperconexión global en la cual toda la humani- dad, desde la sabana hasta las metrópolis, está ya plenamente inmersa en distinta medida. Para escribir un texto de este tipo eran necesarias dos condiciones: una elevada competencia científica acerca de las revoluciones tecnológicas de los últimos treinta años y una propensión inextinguible hacia la perspectiva de la liberación anticapitalista. La biografía del autor, militante autónomo del 77 milanés y más tarde ingeniero para grandes multinacionales de las comunicaciones, reúne ambas condiciones (ojalá hubieran más “rojos expertos”, en una época en la que unos y otros escasean…).

    Griziotti parte de las categorías marxianas clásicas –la “subsunción real”, el general intellect, la ciencia como fuerza productiva central y la ley del valor/trabajo como horizonte en continua alteración; por tanto, del Marx de los Grundisse y del “Fragmento sobre las máquinas” (que, como todo texto profético, se ha prestado a todo tipo de interpretaciones en 100 años)– para conectar estas macro-categorías con las mutaciones tecnológicas concretas que han articulado la hegemonía de la meta-máquina informática. Y explica (en una transición nada evidente) cómo todos estos umbrales tecnológicos marcaron los grandes eventos político-económicos a caballo entre los dos siglos: el fin del sistema de Bretton-Woods, el inicio de la revolución liberal, la hegemonía del capital financiero, la derrota obrera en Occidente y el gigantesco reasentamiento de la división internacional del trabajo que –gracias a la revolución tecnológica– permite la convivencia de la vieja producción de masa en la peri- feria del mundo (no ha habido en la historia tantos obreros como ahora) con las nuevas formas de explotación “cognitiva”, cuya moderna base de extracción de plusvalor la constituyen, en lugar de los brazos, la inteligencia, las actitudes cooperativas y el saber social con- solidado dentro de la experiencia individual de lo humano.

    Bien contada, incluso para los más profanos en la materia, está la larga secuencia histórica que lleva al capitalismo cognitivo a apropiarse del movimiento del free software y de la innovación que la inteligencia socialmente extendida es capaz de producir en condiciones de libertad: una dinámica de apropiación que comienza con la epopeya de Unix, el primer gran sistema operativo (desarrollado desde abajo), y llega hasta la persistente y refinada capacidad de captación de los grandes grupos, comenzando por el de Steve Jobs, que continúan “vallando” y extrayendo valor de aquello que nació como saber común.

    La historia del capitalismo, recuerda Griziotti, ha estado siempre marcada por el intento de “subsumir” saberes y calidad del trabajo vivo dentro de la Máquina, desde el tiempo de los telares a vapor; con la electrónica, en los años sesenta y setenta la transición indica un salto de calidad (simbolizado por la máquina de control numérico y por las primeras líneas automatizadas), a raíz del cual el hombre cede a la máquina parte de sus saberes y se des- plaza “al lado” del proceso productivo, pasando a adquirir una función de vigilancia y con- trol. A partir de ahí, y con el impulso del conflicto obrero, penetrará la excepcional revolución de las comunicaciones de los últimos treinta años: un gran salto adelante en la valorización de los saberes, el lenguaje, los sentidos e incluso de la esfera emocional.

    La tesis del autor es que las nuevas tecnologías –con su devastadora capacidad de impacto sobre lo humano– van más allá de la dialéctica histórica máquina/trabajo vivo y definen una revolución antropológica en la que la esencia misma de la subjetividad es derribada y el bios es redefinido: la nuda vida. En esta época no solo se echa de menos la distinción tradicional entre trabajo y no trabajo, entre esfera productiva y no productiva, y no se trata únicamente de que la jornada laboral se diluya en un continuum en el cual eres perfectamente productivo incluso mientras merodeas por las redes –alimentando los colosales big data que trabajan con nuestros deseos y con cómo transformarlos en estímulos compulsivos–, sino que tiende a difuminarse la frontera entre humano y máquina: ¿dónde termina y dónde comienza nuestra mente/consciencia en el flujo de la biohiperconexión continua en el cual estamos inmersos? ¿Hay “alguien” dentro de este flujo capaz de distinguirse? Y, ¿qué es exactamente lo humano en el interior de este escenario post-humano?

    Terribles preguntas. El autor trata de sustraerse al habitual alineamiento entre apocalípticos e integrados: entre los optimistas que, desde hace veinte años, ven un potencial de liberación en la revolución tecnológica (las máquinas trabajarán en nuestro lugar y nosotros desarrollaremos las facultades humanas libres del tormento del trabajo) y los que temen una dictadura digital totalizadora irreversible, ya en curso. Para el autor, el terreno de enfrenta- miento es el capitalismo cognitivo, tal y como nos es históricamente dado, e incluso en un ciberespacio y un cibertiempo continuamente modificados por el poder, no podemos sus- traernos a este terreno, de ahí la necesidad de construir continuamente nuevas “vías de fuga” en las cuales un saber cooperante y constituyente logre sustraerse al mando y a la valorización. No se aprecian grandes señales de ello por el momento, más allá de alguna potencialidad. El viejo militante de los años 70 recuerda el devastador impacto provocado por la heroína sobre los movimientos y lo compara con el efecto alienante de la permanente conexión que proporciona una ilusión de apertura global mientras en realidad aísla al individuo de la realidad y la proximidad humana, en la más brutal de las alienaciones. La última sección del libro, la más problemática, está dedicada a la organización: ¿existen recorridos y procesos reales y actuales a través de los cuales lo común y la cooperación extendida puedan reapropiarse de su autonomía?

    El escenario es desolador. Nomadismos existenciales, tránsitos perennes hacia la nada, que rechazan las pertenencias (o se refugian en otras más efímeras), delinean a un individuo sin metas en la esfera biohipermediática, con los sentidos perennemente saturados, dentro de un espacio-tiempo continuamente redefinido por algoritmos y automatismos sistémicos estudiados para clasificar y valorizar miles de millones de singularidades y sus prácticas.

    El autor es plenamente consciente de que, sin conflicto, las potencialidades de lo común (sobre todo en temas centrales como los de la energía y la comunicación) no se liberarán nunca, a despecho de los profetas à la Rifkin, que nos hablan de transiciones dulces y del inevitable advenimiento del nuevo mundo de la abundancia, de la economía colaborativa y del conocimiento común. Pero, ¿qué hay en la agenda del presente, cómo se organiza el trabajo asalariado hoy, mientras se mantienen sus viejas modalidades de prestación laboral? El obrero fordista asumía en su figura un ciclo completo de emancipación y hegemonizaba un amplio espec- tro de figuras: programa y composición de clase iban unidos. Pero, hoy, ¿qué sector del “proletariado cognitivo” está en condiciones de recorrer nuevamente la moderna cadena del valor, desde el botones hasta el programador? Este es el problema de todos los problemas hoy: la definición de una nueva cartografía de sujetos reales de la que “echar mano”, más allá de las macro-narraciones sistémicas.

    Décadas de conricerca o “coinvestigación” –la vieja afición operaísta–, la pasión del militante y el saber acumulado “sobre el terreno”, hacen del trabajo de Griziotti algo rico, denso y útil. “Neurocapitalismo” es un libro poderoso, que abre nuevas fisuras y a la vez produce una síntesis apropiada de la que ya es una masa ilimitada de literatura sobre las derivas del capitalismo cognitivo.

    Mientras media Europa se interroga sobre una posible “sumisión” à la Houellebecq (Moloch sabiamente agitado para aterrorizar a los pueblos europeos), nos preocupamos muy poco por la “sumisión real” (sinónimo de subsunción) de nuestra existencia a la mercancía y al beneficio, desplegada en todos los ámbitos de nuestra experiencia cotidiana y de nuestro espacio-tiempo. Ninguna sharia podría condicionarnos de una manera más brutal. Más que un futuro de centralidad teocrática, lo que se entrevé es un horizonte de nihilismo tecnológico muy eficaz, hiperproductivo y desesperado.

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