“Marx y la crisis”. Daniel Bensaïd

Publicado: 11/02/2012 en libros
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De la introducción al libro “La crisis del capitalismo”, de Karl Max. (Extracto del libro, PDF)

Para Marx, la crisis de 1857 pone en evidencia el divorcio entre el valor de uso del producto específico y el valor de cambio expresado en el dinero.

La separación de la venta y de la compra distingue la economía capitalista de una economía de trueque en la que ‘nadie puede ser vendedor sin ser comprador’ (y recíprocamente) y donde el grueso de la producción está directamente orientado hacia la satisfacción de las necesidades inmediatas. ‘En la producción mercantil’, en cambio ‘la producción inmediata desparece!’. No se produce para las necesidades, sino para el beneficio, la que nada le preocupan las necesidades sociales, sino que tan sólo le interesa la demanda solvente. Pues, ‘si la venta no se produce, es la crisis.’

En la producción mercantil, la mercancía, para realizar la plusvalía que le es incorporada, ‘debe necesariamente ser transformada en dinero, mientras que el dinero no debe necesaria e inmediatamente ser transformado en mercancías.’De ahí que venta y compra puedan disociarse. Bajo su primera forma, ‘la crisis es la metamorfosis de la mercancía misma, la disyunción de la compra y la venta’. Bajo su segunda forma, es función del dinero como medio de pago convertido en autónomo, ‘en el que el dinero figura en dos momentos separados en el tiempo, en dos funciones diferentes’, como simple equivalente general entre mercancías y como capital acumulado.

Esta autonomización del dinero encuentra su prolongación en la separación entre benficio de empresa y capital portador de interés. Señala entonces Marx que la autonomización del dinero: “Termina dando a la forma de la plusvalía una existencia autónoma, esclerosis de esta forma en relación a su sustancia. Una parte del beneficio, por opsición a la otra, se despega completamente de la relación capitalista en tanto que tal, y parece derivarse no de la explotación del trabajo asalariado, sino del trabajo del propio capitalista. Por oposición, el interés parece ser entonces independiente a la vez del trabajo asalariado del obreo y del trabajo capitalista, y tener en el capital su fuente propia, autónoma.Si, primitivamente, el capital hacía, en la superficie de la circulación, el papel de fetiche capitalista, de valor creador, reaparece aquí, bajo forma de capital portador de interés, su forma más alienada y más característica.

Este prodigio del capital portador de interés, del dinero que parece hacer dinero sin pasar por el proceso de producción y de circulación, sin recorrer el ciclo completo de sus metamorfosis, es el estadio supremo del fetichismo de la mixtificación mantenida por os economistas vulgares.

Así pues, para realizar la plusvalía hay que vender. Pero la búsqueda insaciable del beneficio tiende a restringir los mercados comprimiendo los salario (¡’el poder de la compra’!).

Marx escribe en ‘El Capital’ que decir que las crisis son provocadas por una falta de demanda o de consumo efectivos constituye ‘una pura tautología’: ‘El sistema capitalista no reconoce otro consumidor que el que puede pagar. El hecho de las mercancía sean invendibles no significa sino el hecho de que no se les ha encontrado comprador’. Y Engels precisa en el Anti-Dühring que es imposible explicar las crisis capitalistas por fenómenos que han existido mucho antes que el capitalismo: ‘El subconsumo de masas, la restricción del consumo de las masas a lo estrictamente necesario para la reproducción no es un fenómeno nuevo. Esto ha existido siempre desde que ha habido clases explotadoras y clases explotadas. Por consiguiente, mientras el subconsumo ha sido un rasgo permanente desde hace miles de años, el hundimiento de los mercados en las crisis resultantes de una sobreproducción es característica de los últimos 50 años. El subconsumo de las masas es una condición necesaria de toda sociedad basada en la explotación, incluido por consiguiente de su forma capitalista; pero es el modo específico de producción capitalista quien genera la crisis. El subconsumo de las masas es pues una condición previa de la crisis, y juega en su desarrollo un papel reconocido desde hace mucho. Pero no nos dice mucho sobre porqué las crisis existen hoy y porqué no existían anteriormente.

Marx no habla jamás de una ‘crsis final’. Demuestra solamente cómo ‘la producción capitalista tiende sin cesar a sobrepasar sus barreras inmanentes’. Contrariamente a lo que pudieron pretender, en los años 1930, Evgeni Varga y los teóricos de la crisis del hundimiento final del capitalismo (Zusammenbruchtheorie) en el seno de la Tercera Internacional, sus crisis son inevitables, pero no insalvables. La cuestión es saber a qué precio, y a costa de quién, pueden ser resueltas. La respuesta no pertenece a la crítica de la economía política, sino a la lucha de clases y a sus actores políticos y sociales.

 

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