“Imaginario colectivo y análisis metafórico.” Emmánuel Lizcano.

Publicado: 04/09/2010 en libros
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Del libro “Metáforas que nos piensan. Sobre ciencia, democracia y otras poderosas ficciones”  en el que se recogen diversos textos (artículos, conferencias, ponencias) de Emmánuel Lizcano. (Libro disponible para descargar en PDF)

¿Imaginario social o imaginario colectivo?:

[…] el concepto de ‘imaginario’ aún está instituyéndose, y está por tanto en nuestra mano el irle dotando de unos u otros contenidos. […] términos como ‘social’, ‘sociedad’ o ‘ciudadanía’ […] yo prefiero reservar esos términos para aquellas formaciones colectivas que sí responden al imaginario burgués que alumbró el concepto, como es el caso de ‘la sociedad de masas’, la ‘sociedad de mercado’ o ‘la sociedad de consumo’. Por el contrario, cuando se trata de formas de convivencia que responden a otras configuraciones imaginarias, parece más adecuado el uso de términos menos cargados por un imaginario particular, y emplear, si se necesitan, determinaciones genéricas como la de ‘imaginario colectivo’.

[…] lo imaginario no es susceptible de definición. Por la sencilla razón de que es él la fuente de las definiciones. […] Lo imaginario excede cuanto de él pueda decirse pues es a partir de él que puede decirse lo que se dice. […] si el imaginario es el lugar de la creatividad social, no lo es menos de los límites y fronteras dentro de los cuales cada colectividad, en cada momento, puede desplegar su imaginación, su reflexión y sus prácticas. Matriz de la que se alimentan los sentidos, el pensamiento y el comportamiento, él acota lo que, en cada caso, puede verse y lo que no puede verse, lo que puede pensarse y lo que no puede pensarse, …“. Lo que me recuerda a ‘las condiciones de decibilidad’ de Michel Foucault en su libro “Las palabras y las cosas: una arqueología de las ciencias humanas“, un libro que algún día anotaré aquí también.

[…] la investigación de las metáforas comunes a una colectividad [es] un modo privilegiado de acceder al conocimiento de su constitución imaginaria.

[…] En lo imaginario echan sus raíces dos tensiones opuestas, si no contradictorias. Por un lado, […] el deseo de utopía. Por otro, el conjunto de creencias consolidadas, de prejuicios, de significados instituidos, de tradiciones y hábitos comunes, sin los que no es posible forma alguna de vida común.

[…] el imaginario no existe; no hay ningún imaginario ahí fuera esperando ser descubierto o comprendido. Como los tipos ideales weberianos, el imaginario sólo está, como concepto o herramienta, en la mente de quien lo postula y lo usa como categoría de análisis. O, por decirlo de otro modo, la realidad del imaginario es imaginaria […] conviene atender no sólo a las formas concretas con las que, desde el imaginario, cada colectividad se da forma a sí misma, sino también a los modos en que cada colectividad o grupo inyecta sus significaciones en el imaginario. Ahí es donde se abre la posibilidad de que la colectividad pueda alterarse y recrearse a sí misma; pero ahí es también donde se abre la posibilidad de que ciertos grupos sociales conformen según sus intereses las pautas imaginarias con las que el resto de la colectividad se percibe a sí misma.

“La metáfora, imaginario apalabrado”:

[…] La metáfora es esa tensión entre dos significados, ese percibir el uno como si fuera el otro pero sin acabar de serlo.

[…] como ya planteara Nietzsche y desarrollara Derrida, bajo cada concepto, imagen o idea late una metáfora, una metáfora que se ha olvidado que lo es.”

Metáforas ‘muertas’:

Metáforas como éstas, que hablan de ‘ahorrar tiempo’, de ‘la voluntad de la mayoría’ o de ‘raíces cuadradas’, llamadas habitualmente metáforas muertas, revelan así las capas más solidificadas del imaginario, aquéllas en las que su cálida actividad instituyente hace tiempo que se congeló pero que, no por ello, deja de dar forma al mundo en que vivimos. Es más, cuanto más muertas, más informan de ese mundo, pues ellas ponen lo que se da por sentado, lo que se da por des-contado, aquello con lo que se cuenta y que, por tanto, no puede contarse: los llamados hechos, las ideas, las cosas mismas.

La fuerza de la ideología se asienta principalmente en este tipo de metáforas, que más que ‘muertas’ yo prefiero llamar ‘zombis’, pues se trata de auténticos muertos vivientes, muertos que viven en nosotros y nos hacen ver por sus ojos, sentir por sus sensaciones, idear con sus ideas, imaginar con sus imágenes. La alienación que caracteriza al discurso ideológico está precisamente en esa ocupación del imaginario por un imaginario ajeno, en el uso de metáforas que imponen una perspectiva que no se muestra como tal sino como expresión de las cosas mismas, que así resultan inalterables.

[…] las metáforas no sólo conforman las percepciones; junto a los significados, también arrastran sentimientos y valores.

[…] la lógica del imaginario. Esa lógica, que atenta contra todos los tenidos por principios lógicos, no es, evidentemente, accesible de modo de directo. Pero sí puede entreverse a través, precisamente, de la manera en que unas metáforas enlazan con otras, la manera en que unas llevan a otras, o bloquean la aparición de otras, la manera en que unas entran en conflicto con otras…

Para que una metáfora nueva, o una constelación de metáforas, exprese —o impulse— un cambio en el imaginario son necesarias al menos tres condiciones. Primero, es necesario que esa metáfora sea imaginable o verosímil desde un imaginario dado, […] Segundo, hace falta también que la metáfora viva, una vez concebida, encuentre un caldo de cultivo adecuado para crecer y consolidarse […] Una forma habitual de generar metáforas vivas que, no obstante, obtengan cierto consenso social es alterar o invertir una determinada constelación de metáforas zombis. Por ejemplo, pueden invertirse todas las metáforas que, en el imaginario ilustrado, localizaban el tiempo y generar así un imaginario anti-ilustrado. En lugar de “atados al pasado” podemos hablar de estar “atados al futuro” y, de repente, toda una serie de figuras irrumpen en el escenario […]. En tercer y último lugar, no es menos necesario que esa metáfora desbanque a otras […] La lucha por el poder es, en buena medida, una lucha por imponer las propias metáforas.

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comentarios
  1. MARIITAA dice:

    uuuuuuuuuuuuuuuuuuu nooooooo sirbe oseeeeaaaaa nome sirvio ami uuuuuuuuyyyyy

  2. Oscar Giussepe Rios Mendez dice:

    Gracias como lluvia de ideas y resumen quedo muy chido.

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